Relato de
Pedro Sevylla de Juana
AB es un
hombre extraordinario. Hace tiempo que vive para los demás. De padre árabe y
madre judía, es un cirujano eminente. Opera en el campo de batalla a los
heridos de ambos bandos sin distinción alguna. Caen a su lado los obuses; y
allí, donde acaba de bombardear la aviación, barrios rotos y humeantes, instala
su frágil hospital de campaña. Arranca de sus garras a la muerte cientos de
víctimas del odio. Sabe de las mayores atrocidades cometidas por el ser humano
en nombre de conceptos altisonantes: Patria, Libertad, Independencia, Dios.
Le oí hablar
de la paz y de la barbarie que le hace añicos cada día en cualquier parte del
mundo. Hablaba a los representantes del pueblo de los ciento noventa y dos
países que forman la O.N.U.
Se celebraba
la Asamblea General, y las emisoras de televisión difundieron su discurso. Lo
amé al instante; lo deseé al instante. Quise que la eternidad del tiempo y la
infinitud del espacio se fundieran, formando una burbuja en torno a mi
habitación, alrededor de mi lecho.
Sucedió el
milagro: estábamos solos él y yo: el hombre extraordinario y la mujer enamorada
del hombre extraordinario.
Fue
perfecto; si es que la perfección se da en algo que debe hacerse a diario para
que exista. El día dos de marzo, quedó declarado día del amor. El día dos de
marzo, quedó declarado día de la entrega amorosa.
Él volvió a
lo suyo, que es lo de todos. Yo quedé, de nuevo, sola; sola y enamorada.
Un año
después, de nuevo día dos de marzo, de un admirador desconocido, recibí un poema cargado de erotismo. Lo
escribí para mí firmando AB, lo arrojé por la ventana, y el viento amigo lo
devolvió a mi mesa junto al resto del correo. Aurora
El Escorial 10 de
noviembre 2013
www.sevylla.com

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