Desconozco su nombre:
solo sé
que ayer murió
en São Paulo
un bombero defendiendo la palabra.
Pudo salvarse con solo cumplir
el protocolo de su oficio
y salir a la calle subido al sentimiento
placentero
del deber cumplido.
Pero su tarea consistía
en apagar las llamas que devoraban
edificio y contenido,
y llegó más allá de lo obligado
arriesgando su vida
no Museu da língua portuguesa
dedicado a la palabra.
Palavra em português,
ese idioma que amo como propio.
Pero da igual el idioma en que la palabra
se formule:
la palabra es la expresión
y el entendimiento de los hombres todos:
de aquí y de allí
de ayer y de hoy
de hoy y de mañana,
guardada en la memoria del museo
para que el hombre conozca su punto de partida
y la evolución del pensamiento que le guía
expresado en la palabra.
Gloria al bombero que ayer
dio su vida defendiendo la bella arquitectura,
mezcla de lo antiguo y lo nuevo,
destinada, en la Estação da Luz
de São Paulo, a la historia rica y difícil
de la PALAVRA.
PsdeJ, El Escorial, 22 de dezembro de 2015
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