14/06/2016

O Cronista segundo Carlos Drummond de Andrade (Entrevista)


"Hoje em dias as pessoas não se conhecem mais"
Carlos Drummond de Andrade

“Exaltación del Sol, poema en diez actos” Lectura crítica de Pedro Sevylla de Juana


El poema último de Renata Bomfim, destaca en primer lugar por la extensión. Consta de diez actos y varias partes bien diferenciadas que sirven a un mismo fin. Y en segundo lugar destaca por la intensidad expresiva. Intensidad luminosa irradiando luz sobre todo el poema. Una luz nacida y crecida del Sol, protagonista del Canto, un Sol que es Luz por encima de todo: brillo crujiente. “Exaltación del Sol” es, pues, un poema extenso e intenso; rio largo y profundo.
Más allá de la sensualidad evidente, en el poema, más allá del deseo, Renata Bomfim ha puesto pasión. “Nada grande se hizo, nunca, en el mundo sin pasión”: asegura Friedrich Hegel. Pasión que la poeta lleva más allá del área amorosa: Nuestros cuerpos serpentearon enroscados, inundando el territorio entero con su pasión por la vida: el origen de la célula duplicada, escindida. Pasión que lleva como componentes esenciales, la energía y la ilusión.
Participan los versos de lo Universal, Siento el mundo dentro de mí; llegando con suavidad a lo doméstico: corté la cebolla. Lógica y emoción persiguiéndose: La noche posee una razón desprovista de verdad, sirven, amalgamadas, a la desbordante imaginación de la autora, para trazar su pintura mural. Eso es también “Exaltación al Sol”, un mural colorido donde acuarela y oleo se unen al fresco cristalizado en la propia pared. El cuerpo, desajustado por las sensaciones gozadas, desmenuzado por los sueños, se pone al servicio de la mente lúcida para alcanzar lo inasible, asiéndolo. El presente viene del pasado buscando el huidizo futuro que la voluntad alcanza con esfuerzo. La mujer, hembra en toda su extensión, es la portadora del Sol, la encargada de llevarlo adelante, generación tras generación.
Obediencia y trasgresión: Usted, mi enamorado, que me prometía / En propiedad el Edén, / me obligaba a comer bistec de ángel. Soledad y compañía, llevan la conducta a lo humano, imagen de lo divino: plantar el Sol es mi mayor responsabilidad. El yo resurge con fuerza dentro del maremagno constante que le envuelve: Las sombras no permiten olvidar mi filiación. Luché por tener un nombre. El mito del amado, del macho amoroso, que protege y engendra el futuro en el interior de la hembra procreadora, ese mito antiguo goza de presencia constante: avancé por lugares distantes llamándote y llamándote.
Lo inanimado comportándose como animado: Oigo a los escombros gemir como si fuesen carne y sangre. Lo efímero y lo eterno, la dureza y la sensibilidad, el día y la noche, la realidad y el sueño, lo existente inexistente, ese ser no ser, junto a la mesa dispuesta para el banquete, se hacen metáforas abundantes, henchidas de belleza, en los versos de Renata Bomfim, poeta de los conceptos y las ideas visuales, de la dramatización de los principios que mueven al ser humano. Ha roto la poeta los diques que la frenaban y la valentía ha vencido al temor inundando los valles, irrigando vegas feraces con su amor a la Naturaleza, para que lo nuevo sustituya a lo antiguo. Estamos ante un poema rico y diverso, ante una selva de posibilidades creativas hechas realidad. Busco enlaces y similitudes entre este poema y lo que conozco de la poesía brasileña y los encuentro en la Hilda Hilst que traduje con gozo, más que en ningún otro poeta.

PSdeJ, El Escorial, madrugada del 14 de junio 2016

13/06/2016

Exaltación del SOL: poema en diez actos (Escrito por Renata Bomfim/ Traducción de Pedro Sevylla de Juana)


I
Fui actriz.
Lo recuerdo aún:
Noches de estreno,
Luces, escenarios, aplausos, vítores.
Se podía creer que yo era
Exactamente
Quién fingía ser.

Actué en los proscenios de la Isla Mundo
Siendo yo y siendo
Ligeras
variaciones de mí misma.

Cuando las luces borraban su esplendor
Bebía el Sol que traía oculto
En un frasco al fondo de la bolsa.
Bebía la luz densa y flexible sintiendo despuntar el día.
Pensaba: hoy
hasta lo inédito es invulnerable.

En aquel mundo
Manos ávidas se apoderaban del brillo crujiente
desprendido del Sol al transformarse en día.
Seductor, el astro inclinaba en mi dirección
La pelirroja cabellera.
−Te quiero aquí! Te quiero en mí! Te quiero!
Las palabras brotaban límpidas de mi boca
Como si un líquido filón de agua fresca
brotara en pleno desierto:
Te amo!, te quiero!

Entre los dedos goteaba, viscoso,
El fruto preliminar del deseo.
Yo era la prometida inexorable y permanecía
Vestida de luz.
Las nupcias celestes, paradisíacas.
Nuestros cuerpos serpentearon enroscados
como rayos fulgentes.

II
Sentados a la mesa
Presidencial del banquete.

El garzón, impecablemente uniformado
Guantes blancos impolutos
Sirvió, caliente, sazonada, la carne glútea de un ángel.
Usted, mi enamorado, que me prometía
En propiedad el Edén,
me obligaba a comer bistec de ángel.
Soportaba el horror de sentir entre los dientes
El delicado agasajo,
Delicia, transgresora transgresión, pecado
Suave, esponjado, blando y sabroso.
Mi lengua analizaba la textura del cuerpo sagrado,
Mi sangre se convirtió en vino de alta graduación,
Sabor y aroma robustos.
Salivé miel y excreté delikatessen.

III
Elevo los ojos mucho más allá
De lo desconocido.
Y ese cielo ficticio, con el Sol que arrastro y soporto,
Penitente yo sin culpa,
Existe inexistente.
La fabulación es oficio (arduo y fatídico)
Fabulo para no morir y canto
Cantiga antigua, canción de amiga, amorosa
Trova enamorada.

Quiero palpar el mañana,
El día es la alargada prolongación del sueño.
Canto al amor que traigo desde el origen
de la célula duplicada, escindida,
Amor que continúa dentro y que grita
Toda mi boca abierta en desgarro,
Calentura, ansiedad y deseo irrefrenable
de otra boca ardiente de pasión.
Mi ser se estremece en fuertes sacudidas
dentro del sistema universal,
No encajo en mí, no me ajusto!
Pechos, cintura, muslos; convulsiono!

Estoy desnuda de certezas,
El amor me habita
Siento la llegada inminente del seísmo
Maremoto, tsunami!
Por fin sucede, sucede y sucede.

IV
La vida resulta corta, insuficiente.
Los días no caben en los escasos momentos de satisfacción.
Canto como quién grita en la oscuridad
Sin escuchar el aleteo
Entusiasta de la propia vida.
El sueño, que ensancha y prolonga la vida
coloreando el acto mismo de vivir, no despierta.
Ceguera.

Llevo la mano al seno, noto vibrar la carne aún caliente,
Siento el cielo como si volara en el vacío.
El espacio es un agujero, no hay nada más allá de las nubes.
Recuerda mi dibujo escolar titulado: Cielo con nubes!
Imagino y no encuentro
la posibilidad inmediata de volver a cantar
ese himno excelso
sinfonía recién concluida.

V
Sentía el cansancio de portar conmigo
El imprescindible, vivificante Sol.
Acunaba el astro entre los brazos
-maternal cuidado- como si
de él dependiera la vida toda,
como si el fuera toda la vida.
Las tinieblas pesaban como pétreos pétalos de rosa.
El sol pesaba quemando las palmas doloridas
de mis manos.

Era preciso plantar el astro antes de que explotara:
En ese instante sentía el Sol
Como potentísima bomba estelar!

Camino tarareando la música del pájaro y de la araña.
El Sol se muestra rubicundo como un todo ardiente,
Plantar el Sol es mi mayor responsabilidad.
Útero Sol.
Causa del mañana acercándose,
Justificación de mi vientre pariendo alboradas,
Razones de mi cuerpo desmenuzado por los sueños.

Cae la noche.
El Sol no echa de menos la luz que perdió,
No la necesita.

Sombra amiga, cuánto abarca mi ser día?
Cuándo es tiempo de cosechar rosas?
La estrella da vuelta a sus puntas,
Hay desesperación en los dedos de mis pies.

VI
Corté la cebolla.
Los ojos exploraban la cocina.
Cada objeto guarda un secreto.
Hay momentos en que el tintineo de las cucharas
descubre la presencia de espíritus.
Corté la cebolla y coloqué en la cazuela
Caliente Aceite y ajo.

El fuego encendido, vivo, evocaba un frío de ausencias.
Recordé la hierbabuena y la pimenta.
El verde y el rojo dispusieron un tiempo
De colores y aromas radiantes en la mesa.
La felicidad regresaba
Como un muerto resucitado por la memoria.

VII
Ya fui princesa en el devaneo de la nostalgia.
Ya fui princesa.

Palpé la poesía
Vislumbré lo envidiable de una presencia.
Las sombras no permiten olvidar mi filiación.

Cayó la máscara.
Bajo el barniz otra máscara y otra y otra.
La soledad desafía, bajo el no-rostro, tu rostro frío.
La luz débil se proyecta en el suelo que se abre
Siento el mundo dentro de mí,
Veo las entrañas de la tierra.

Fui mujer cuando las mujeres no sabían
Que necesitaban acarrear el Sol.
Fui mujer cuando no existían mujeres ni hombres,
Sólo seres.
La noche posee una razón desprovista de verdad,
Las sombras se agitan de voluptuosidad y energía.
Fui mujer probando la delicia de ser ese no ser.
Ignoraba que las sombras eran hijas del día adormecido.

Aún lo recuerdo: en mis sueños fui princesa.

Avancé por lugares distantes llamándote y llamándote,
Deseando pertenecer a tu familia.
Quería situar tu nombre junto al mío,
Esa cercanía me iba a garantizar que nuestros cuerpos
permanecerían unidos durante toda la eternidad.
Soñé, soñé, soñé
La realidad reveló que el día no acaba nunca.


VIII
Nadie en la casa, nada aún en ella.
El sol extendido sobre la mesa, ilumina el ambiente,
Un ángel se retuerce en mi interior.
Falta algo.
El Sol está ausente del esplendor esplendente,
El Astro Rey perdió su poder.

Las calles desiertas.
Las personas ancladas en el laberinto de sus
Propias soledades.
Las paredes de las casas atesoran las últimas
palabras pronunciadas.
El hombre caerá en la espiral del olvido.

-Te amo!
Oigo a los escombros gemir como si fuesen carne y sangre.
-Te amo!
Viví el hueco de la casa eterna, eternamente vacía.
Aquí y ahora necesito tu presencia,
Exijo que tu cuerpo etéreo se materialice.

IX
El Sol es una añoranza llenando el tiempo.
Luché para tener un Nombre,
Colmé la cabeza de teorías
Las paredes cubiertas de diplomas
Muestran mi fracaso,
demuestran que erré.

Soy alguien cuando tu cuerpo rasga mis estratos internos,
Penetrando mi integridad,
Fertilizando mi esencia,
Diversificando ese ente que hoy brilla dentro de mí.


X
Salió de mi boca la palabra silente
Y voló hacia lo inefable como una paloma en busca
De otra palabra callada.
Caí de rodillas
Recé incrédula salmos encantados
Convencida del poder mágico de la voz dicha
En el momento adecuado:
Hembra final, solemnicé el momento, danzando alrededor
De las palabras innombrables

Que el Sol iba evaporando.